domingo, 12 de julio de 2009

Por cada vez que respiro puedo volver a oler tu perfume, ése perfume que primeramente siempre significó felicidad, si lo sentía era porque estabas cerca y mi dependencia a vos no podía hacer otra cosa que hacerme alegrar por esta sensación. Pero ahora tengo el olfato equivocado, o el cerebro equivocado, y cada vez que siento ése aroma es un error, un error que me hace feliz por algunos minutos, hasta que dejo de sentirlo y vuelvo a caer en la cuenta de quién sos y qué me hiciste. A veces creo que estoy loca. Loca curable, eso intento pensar. A veces te veo, aunque es imposible que te encuentres en ése lugar en que me parecio divisar tu cuerpo, tus ojos, tu cara, tu boca, tus manos, las mismas con las que me acariciaste mientras me decías "te quiero". Pero siempre termino dándome cuenta de que estoy equivocada, de que no estás, porque cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir, desapareciste! Entonces ahí me viene esa necesidad de verte en ese mismo momento, esa ansiedad que o prendo un cigarrillo o te voy a buscar estés donde estés, sea lo que sea lo que tenga que atravesar. Obviamente, eso lo soluciono. Saco el encendedor, saco el cigarrillo, y lo prendo. Y fumo ése cigarrillo, que más bien siento que me estoy fumando tu abandono, y cuando lo estoy por terminar, siento nuevamente que te vi! Pero abro y cierro los ojos y nuevamente no estás. ¡Vamos por otro cigarrillo, entonces! Y al final si no quiero morir de cáncer de pulmón, termino yendote a buscar, claro, como te darás cuenta, por las tantas veces que volví diciéndote comentarios incoherentes, sentimientos mezclados, y demás cosas que obviamente no tienen sentido. Tan poco sentido como el de quererte cada día más, buscarte hasta no parar, extrañarte ilimitadamente, y el seguir fumando tu olvido a cada (hermosa) alucinación.

No hay comentarios: